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domingo, 20 de noviembre de 2011

Cabeza de música

En las fotos de Michael Weintrob se nota desde lejos que su autor es un melómano empedernido. No sólo porque sus fotos son imágenes de presentaciones en vivo o retratos de músicos, sino porque sus puestas en escena y su sensibilidad en el ojo comunican muchísimo más que el mero testimonio de la situación.
La serie Instrument Head, que se presenta en Barcelona en estos días en el marco del Festival internacional de Jazz lo demuestra: cada retrato sustituye la cara del músico por su instrumento. La semántica de la serie es simple: cabezas de instrumento, accesorios y algún que otro gesto. El fondo es neutro. Y con eso le basta al fotógrafo para sintetizar lo más característico del personaje retratado.
Las imágenes hacen acordar a la serie de cuadros de Magritte (La Idea, El hijo del Hombre, La gran guerra, El principio del placer...se pueden googlear) en los que se usa exactamente la misma operación retórica. Para ser técnico: sustituciones metonímicas.

Instrument Head se puede ver hasta el 2 de Diciembre en el Silken Gran Hotel Havana.

domingo, 3 de octubre de 2010

La gala de los oXcars


Burlándose sólo un poquito de los premios de la academia, EXGAE, institución dedicada a pelear para liberar contenidos digitales (culturales, científicos, periodísticos, informáticos, etc...), organiza desde hace 3 años los premios oXcar, dedicados a premiar productos relevantes e innovadores de la era digital.
La gala de la edición 2010 va a ser el 28 de este mes en la Sala Apolo, de BCN, y promete una programación interesantísima con shows en vivo, charlas y presentaciones varias.

Más allá del chiste, el evento se embandera detrás de un reclamo de peso y forma parte de una serie de acciones que desde varios ámbitos vienen peleando para dar un cambio en cuanto a los principios de la propiedad intelectual, la comercialización de los bienes creativos, el uso de las nuevas tecnologías y, en concecuencia, el acceso a la información.

La gala está relacionada con el FCForum, que se va a hacer también en Barcelona a fines de mes, y acerca de lo cual va a haber bastante para hablar y tela para cortar.

martes, 27 de julio de 2010

CULTURA del morfi. La cocina al museo

Hasta el 1 de noviembre el centro Arts Santa Monica expone "Materia Condensada. Cocinar ciencia".
La expo echa un vistazo sobre la combinación cocina y ciencia, muy presente en la cultura actual catalana, y muestra las principales técnicas de tratamiento de los alimentos, de las más precarias a las más innovadoras.


- Fundación Alicia
- Arts Santa Monica

domingo, 25 de julio de 2010

Drum & Brazz, Bossa & bass, Drum & boss

Proyecto Drum & Brazz.
Este miércoles, a las 20 y a las 22.
Gratis.
En las noches de verano de la Caixa Forum.
Drum and bass a la brazzzilera.
Música para escuchar en chancletas.

Un par de videos para sumergirse en el estilo.


Corcovado - Everything But the Girl from Red Hot on Vimeo.




viernes, 25 de junio de 2010

Matthew Herbert en Sonar 2010

Matthew Herbert es uno de los músicos catalogados dentro de la electrónica que ha tenido una de las producciones más interesantes e innovadoras en los últimos años. El último sábado el camaleónico músico inglés se presentó en el festival con su nuevo formato “One Club”, un proyecto inovedoso que esa noche, lamentablemente, quedó fuera de contexto.

Sábado a la noche. Hacia la 1:30 de la madrugada gran cantidad de los movedizos concurrentes de la última fecha del festival se va acercando al área del Sonar Pub, una de las secciones a cielo abierto del evento. Para esa hora los motores clubbers ya están encendido y más de una cabeza pide marcha. Sobre el escenario, un set austero compuesto de micrófonos, teclados, samplers, y una escalera de doble tramo esperaba ser ejecutado por Herbert. Pasados unos minutos de la 1:30, aparece en escena el músico inglés. Vestimenta discreta y actitud incauta. Todo listo para arrancar con su música inusual.

El proyecto actual de Herbert es experimental y dogmático dentro de sus propias reglas. Hace algún tiempo, este productor definió una serie de puntos que orientan su hacer artístico, una especie de manifiesto que marca un norte para componer su música. El punto clave de este dogma es que su sonido tiene que crearse: todos sus timbres tienen que estar fabricados desde cero, así su música puede nacer frotando una bolsa de papas fritas, mordiendo una copa, o haciendo chiflar a su público. Una especie de plataforma de confrontación en la época en donde cualquier sonido es posible y accesible. Complicarse un poco las cosas para hacerlas más interesantes o, al menos, para ponerlas en un marco de coherencia que les de sentido. Su último álbum, One One, se ajusta a ese dogma, se inscribe dentro de un proyecto mayor que es una trilogía, y suma en lo particular otro concepto: cada canción lleva el nombre de una ciudad diferente. Lo conceptual, en definitiva, es protagonista.

Su presentación en el Sonar ahora consiste en conjugar ruidos, variarlos y darles texturas. Cada tanto Herbert se sube a la escalera doble que se ilumina para hacer sonar su chiche favorito, desde la parte más alta. Todo lo acompaña con movimientos histriónicos, convulsivos, siguiendo los ritmos imposibles que va creando y que son difíciles de entender para el público.

A medida que avanza el show, la masa que lo esperaba con ansias se va dispersando un poco. La presentación es interesantísima, pero está fuera de contexto, el gran público pide bombo en negras y Herbert se niega a conformarlos, simplemente porque él mismo es un inconforme.

Este productor se había consagrado en los noventas gracias al house jazzero y elegante que había producido bajo los pseudónimos de Doctor Rockit y Radio Boy. Más adelante, ya con su nombre real, llevó adelante el proyecto Matthew Herbert’s Big Band, siempre cerca del jazz. Si bien en todos sus proyectos había coqueteado con la experimentación, también había sido condescendiente con el oído masivo. Su concepto actual para las presentaciones en vivo es bastante menos diplomático y es por eso que dificulta la escucha de la gran mayoría.

Los que no se mueven de la terraza del Sonar Pub intuyen que, quizás el día de mañana, los sonidos incomprensibles que están escuchando podrían convertirse en tendencia mainstream. Confían en que, aunque suene estúpido, hacer algo nuevo se trata de no hacer más de lo mismo y admiran a los que, como Herbert, se resignan a ser incomprendidos por un rato. Creen que lo que hace bueno a un artista, o al menos lo que lo convierte en pionero, es su capacidad de reinventarse. Al ver a Herbert se les representa algo de Bowie, algo de David Byrne, algo del espíritu alborotado de la vanguardia de los 60s y algo de cualquiera de esos sinvergüenzas que cada tanto se arriesga a reinventar lenguajes y posicionarse de nuevo como emergente.

La presentación de Herbert en el Sonar no se ajusta a las dimensiones del lugar. Su puesta en escena es intimista y su jugueteo sonoro es más digno de verse en una sala chica con el público sentado que en una terraza plagada de gente sedienta de fiesta. Hacia el final de su show el patio se ve casi vacío. Una lástima.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

El destino incierto de las WTF Jams

(Todo manual de comunicador antiético dice que hay que llamar la atención con los títulos cueste lo que cueste, yo me puedo dar el gustito considerando el amateurismo del caso).

El alarmante título de este post no habla de posibles cierres, sino de la dinámica propia de las WTF Jams (What the fuck Jam Sessions) que se hacen en el Jamboree Club de Barcelona todos los lunes: la cosa arranca con jazz en formato más o menos tradicional y, a medida que pasa la noche, va hacia destinos inciertos.

El ejemplo del último lunes lo ilustra todo. Organizado en torno al saxofonista Llibert Fortuny, la jam se largó con una serie de standards tocados impecablemente, y derivó en experimentos insólitos de los que participaron Aurelio Santos (Beat-boxer, organizador y alma mater de estas jams), Martin Laportilla (excelente bajista argentino), Rodrigo Gonzalez (pianista Uruguayo), un séquito variado de bateristas y vientistas, y un músico electrónico alemán que se subió al escenario con una máquina controladora de samplers y efectos con forma de guitarra, creada por él mismo (no me acuerdo de su nombre, pero no me lamento demasiado). El resultado dio momentos excelentes llenos de ritmo, solos llamativos hechos sobre base electrónica y, de a ratos, unos menjunjes un poco empalagosos debido a que los músicos manejaban códigos demasiado distintos entre sí.
Teniendo en cuenta que es la propia imprevisibilidad que a veces resulta en error la que da la gracia a este encuentro semanal, el balance siempre es positivo.
Habrá que estar ahí cada lunes para ver qué pasa y disfrutar del destino incierto de las WTF Jams.

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